Una empresa me invitó a la junta general de accionistas. Decía que yo era accionista y tenía derecho de voto. Tal vez se debe a que poseía acciones de esa empresa en el fin de año aunque no lo sabía.
No fui a la junta porque se celebró lejos y me dio pereza. Después de una semana me envió un sobre otra vez. Había resultado de la junta y dividendo de 2,000 yenes. Era una sorpresa.